GEORGES BIZET

La importancia de Georges Bizet en la historia de la música está fundamentalmente adscrita al terreno de la ópera, a cuya evolución contribuyó especialmente en el aspecto dramático.

Nació en París el 25 de Octubre de 1838 y moriría en 1875. Gracias a su padre, profesor de canto, tiene un perfecto conocimiento de la voz, y gracias a su tía, pianista, un virtuosismo que asombrará a Liszt.

Alumno de Zimmermann, Marmontel, Benoist y Halévy, a los diecisiete años es Primer Premio en piano, órgano y fuga del Conservatorio de París. Pronto compone obras luminosas, vivamente orquestadas, obteniendo el Premio de Roma en 1857, premio de composición más importante de Francia. A partir de los veinte años se dedicó con ahínco a lograr el éxito con la música de escena, que obtendría finalmente con la ópera Carmen que le ha inmortalizado. Sus óperas anteriores, como Los pescadores de perlas (1863), La bella muchacha de Perth (1867) o Djamileh (1872), o la música de escena y suite de La Arlesiana (1872), están ya llenas de gran belleza e interés. Creó también música sinfónica para piano, y numerosas transcripciones.

Su verdadero logro fue, indudablemente, su ópera "Carmen" (1875). En ella Bizet llevó el conflicto entre música y drama – consustancial a la historia de la música – a una situación crucial, que su prematura muerte le impidió desarrollar. Pudo ser el más grande operista de su tiempo, por su innato sentido del teatro y por la fuerza dramática de su música siempre melodiosa y de excelente factura.

En los movimientos vigorosos, el fuego y la energía de Bizet son únicos. En sus sosegados movimientos cantábiles las melodías y armonías suenan como si Gounod se hubiera superado a si mismo. La música de Carmen está exactamente adaptada a la intencionalidad dramática y adquiere su expresión más reveladora en el concertante, tensamente dramático, del tercer acto, uno de los más bellos de toda la historia de la ópera.

 



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